
En medio de una Argentina atravesada por la crisis económica, la pérdida de representatividad política y un profundo movimiento migratorio hacia las regiones productivas, el peronismo enfrenta un desafío doble: recomponerse como fuerza nacional y, al mismo tiempo, releer las realidades provinciales, donde emergen nuevos actores, identidades políticas híbridas y necesidades sociales cambiantes.
La Patagonia —y en particular Neuquén y Río Negro— se ha vuelto un escenario clave para interpretar ese futuro. No solo por la centralidad económica de Vaca Muerta y su impacto demográfico, sino porque sus movimientos políticos reflejan con nitidez las tensiones del país: crisis de representación, reorganización interna del peronismo y la búsqueda de nuevos anclajes sociales.
Neuquén: la estrategia de la “neuquinidad” y el desafío del peronismo local
En Neuquén, el liderazgo de Rolando Figueroa intenta consolidar un modelo de identidad política propia: transversal y con un marcado discurso de autonomía local. Su estrategia de analizar un avance hacia un monobloque político tras la asunción de la senadora Julieta Corroza, refleja una lectura clara del clima político: lo pragmático, ante todo.
Para el peronismo neuquino, esto implica una encrucijada. Ya no alcanza con expresar una representación del movimiento obrero y los sectores populares; (que dicho sea de paso en las últimas elecciones no se reflejó en los resultados) es necesario reconstruir un sentido provincial, capaz de dialogar con la identidad neuquina contemporánea, marcada por la urbanización acelerada, la llegada de trabajadores de otras provincias y el crecimiento vertiginoso de las ciudades vinculadas al incesante movimiento que marca Vaca Muerta. La socióloga Maristella Svampa suele advertir que “las provincias petroleras viven una tensión permanente entre el desarrollo acelerado y la posibilidad de construir comunidad”. Y esta idea se vuelve central en Neuquén: el peronismo no solo compite electoralmente, también debe ofrecer un proyecto de convivencia social en una provincia en transformación permanente.
Río Negro: la victoria de Soria, la incertidumbre institucional y el reacomodamiento interno
En Río Negro, el triunfo de Martín Soria en octubre marcó un punto a favor para nada despreciable. El peronismo rionegrino, recuperó protagonismo en un territorio históricamente oscilante, con un relegado tercer puesto del actual oficialismo provincial de Alberto Weretilneck. Sin embargo, la indefinición institucional alrededor del caso de la diputada libertaria Lorena Villaverde —que aún no logra asumir su banca como senadora— agrega una capa de inestabilidad y mantiene en tensión el clima político provincial.
En este escenario, el peronismo aparece con una responsabilidad ampliada: consolidar un liderazgo que supere lo electoral y avanzar hacia una representación más incluyente. Sabe que hoy tiene grandes chances en su armado 2027. Y ese armado debe pensarse estratégicamente desde hoy, sin perder tiempos.
El politólogo Andrés Malamud afirma con frecuencia que “la política argentina necesita reconstruir confianza más que construir mayorías”. En Río Negro, esta frase encaja de manera quirúrgica: Soria tiene la oportunidad de capitalizar el triunfo, más aun pensando en la creciente figura de la intendenta de General Roca, María Emilia Soria, pero también de mostrar que el peronismo puede ser un actor de estabilidad en tiempos turbulentos.
El regreso de las 62 Organizaciones: trabajadores de base y reconstrucción de representatividad
En ambos distritos, un actor histórico vuelve a escena: las 62 Organizaciones Peronistas, que comienzan un proceso de rearmado con fuerte presencia territorial y gremial. La novedad es la decisión de incorporar trabajadores de base en la construcción electoral, algo que no se veía con fuerza desde hace décadas.
En un país con descreimiento hacia la dirigencia y desinstitucionalización del voto, esta estrategia apunta a recuperar la legitimidad desde abajo, desde los espacios laborales y comunitarios donde se sienten, de manera más directa, las consecuencias de la crisis económica.
El sociólogo Manuel Castells lo resume en una frase que se volvió casi un paradigma: “La representación política se reconstruye desde la experiencia cotidiana, no desde arriba”. En Neuquén y Río Negro, la reactivación de las 62 Organizaciones responde exactamente a esa lógica: volver al contacto primario, al rostro conocido, a la voz del trabajador.
El péndulo para ambas provincias: La migración que produce Vaca Muerta y el desafío de gobernar el futuro con todos adentro.
Lo que ocurre en estas provincias no puede leerse sin considerar un fenómeno nacional: la migración interna hacia la Patagonia. Miles de trabajadores de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y el norte del país se instalan cada año en ciudades como Neuquén capital, Añelo, Centenario, Cipolletti, General Roca y más aún en el norte neuquino, donde la empresa Techint eligió a la ciudad de Rincón de los Sauces para desarrollar su proyecto más importante de los últimos años en el país.
La magnitud de este cambio transforma no solo el mercado laboral, sino también la identidad cultural y electoral de la región.
El economista Roberto Lavagna dijo reiteradamente que “donde hay crecimiento económico sostenido, la política se redefine más rápido que en cualquier otro lugar”. En Vaca Muerta, esto es evidente: quien logre interpretar esta nueva sociedad —heterogénea, móvil, demandante— tendrá una ventaja estratégica. Y este mensaje es válido tanto para el oficialismo provincial, para el peronismo y hasta para el sindicato petrolero, que de la mano de Marcelo Rucci, apuesta a una salida política para la grave crisis actual.
Conclusión: Repensar el rumbo es más urgente que nunca
En síntesis, el peronismo, en su dimensión nacional y provincial, encara una fase decisiva. Neuquén y Río Negro funcionan como laboratorios políticos de un país que se desplaza, que cambia su geografía humana, que exige más participación y menos discursos vacíos.
En este contexto:
- Neuquén redefine su identidad política bajo el liderazgo de Figueroa, obligando al peronismo a repensarse desde la territorialidad.
- Río Negro transita un escenario de recomposición, donde el liderazgo de Soria y las tensiones institucionales marcarán el ritmo político.
- Las 62 Organizaciones vuelven a ser un puente entre el mundo del trabajo y la política, buscando reconstruir un vínculo que en muchos lugares del país parece desgastado.
Mirar el rumbo de estas provincias —junto con el del país— ya no es solo un ejercicio de análisis político: es una necesidad estratégica para comprender cómo se reorganiza el poder en la Argentina que viene, la que crece al calor de Vaca Muerta y se transforma con cada migrante que busca un nuevo comienzo en el sur.
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